Antes de hornear dejo secar al sol las piezas tal como se hace para cocer el adobe que, en su condición de pobre, no tiene posteriormente otra cocción más seria. La sesión de fotografías que hoy les presento recoge ese momento. En ellas se pueden apreciar ciertas bondades del barro fresco que desaparecen tras la cocción.
La principal es el color y la sensación de viveza pero también da pena perder toda la textura de la paja incorporada al barro y que luego dejará otra textura asimismo interesante pero de otra naturaleza.
Las fotografías están tomadas con el móvil y es más raro que salga alguna redonda. Pero la inmediatez del móvil nos da instantes inesperados que una fotografía más intencionada, con cámara apropiada, solo da ocasionalmente.
El friso de rostros tostándose, la dama y el saxofonista o el bicho monóculo son algunos de esos instantes. Pasen y vean.














Menos da una piedra, que diría aquel. Siempre pendiente de su disfrute, reciban un saludo.
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