En los primeros (pocos, tal vez dos) cuadros de la serie aún hay figuraciones solapadas que resisten la irrupción de las letras. Estas adoptan una función estructural en los fondos dotándolos de un orden que se intenta minimizar con color y textura, pero también vienen a sustituir la superposición de figuraciones como lenguaje secundario encargado de romper la perspectiva única de la plástica tradicional.
La evolución es muy sutil, evidenciada en el encaje de las letras (al principio «a sangre»), en el tamaño y la cantidad de figuras y otros pequeños detalles.
He organizado la sección en cuatro apartados según el tamaño y con criterio cronológico dentro de ellas.
Una pequeña producción para una exposición informal con formatos mini, los que me permitía la impresora casera con la que preparé los fondos para pintar luego con acrílico mis figurillas y algún retoque que otro sobre las letras.








Tamaños pequeños que varían desde los veintisiete centímetros en el lado corto hasta los ochenta y nueve en el largo. Puro acrílico, con geles y aditivos para crear texturas, transparencias y colores vibrantes. Todo acrílico sobre lienzo salvo alguno sobre tabla.


















Ahora el rango de tamaños oscila entre los sesenta centímetros en el lado corto y el metro con treinta centímetros en el largo. El espíritu, la intención, los materiales siguen siendo los mismos. La ironía, la doble lectura, el juego entre lo escrito en el cuadro y su título, también se mantienen. Acrílicos sobre tela.


















El abanico va desde el 2001 al 2010 en cuanto a lo temporal y desde los noventa centímetros a los dos metros en cuando a dimensiones. El autorretrato tal vez debería estar con la figuración múltiple por su factura salvo por un pequeño detalle que pasa desapercibido: la letra i mayúscula, el yo inglés, que en el centro de la cara-cuadro hace de cruz. Por lo demás, acrílicos sobre tela.













